sábado, 1 de septiembre de 2012

Capítulo 2

Instituto

Me levanté un poco absorta, sabiendo que había tenido la misma pesadilla de siempre, me encontraba sudando, y sabía que no estaba de muy buen humor. Me paré y tomé un par de pastillas para calmarme, mi corazón disminuyó su ritmo alterado, y yo suspiré, las pastillas causarían que volviera a dormir. Pero yo no quería volver a dormir, no lo deseaba. Quería huir de mi pasado y no había forma de hacerlo. Yo no superaba el rencor, y no lo haría jamás.
Me cepillé los dientes, y puse una crema hidratante alrededor de mis ojos, justo en las ojeras que revelaban la mala noche que había pasado. Me peiné el cabello y luego froté suavemente la crema para luego retirarla, no había rastro de ojeras. Abrí la llave de la tina, para dejar que se llenara, hice mis necesidades y luego eché medio tarrito de baño de espuma en la tina. Al rato, entré al agua, estaba helada lo cual me resultó más calmante que doloroso. Sumergí mi rostro debajo del agua.
— ¡Dime que me quieras Ann! ¡Dilo! —salí del agua respirando entrecortadamente, lágrimas bajaron por mis ojos. Me sentí tentada de ahogarme en la tina, un suicidio. Pero negué ese pensamiento sombrío, no le haría esto a mi padre ni a mí hermano. Suficiente tenían con nuestros días de martirio.
Me arreglé lo mejor que pude para ir a la escuela, una camisa de color caqui informal y unos jeans ajustados, una pequeña trenza que agarraba todo mi cabello. Lucía estupendamente. Solo me eché un brillo de labios y bajé al primer piso. Mi casa era muy bonita y bastante bien adoquinada, me gustaba. A veces sentía que debía alardear de aquello, para ahogar la pena que me consumía todo el tiempo. Vi a Salley sentada conversando animadamente con mi hermano. Al verme los dos se levantaron incómodos. Suspiré.
Buenos días, chicos —intenté sonreír lo mejor que pude, pero me sentí falsa. Mi mejor amiga sonrió y dijo:
— Tú hermano se ofreció a llevarnos, ya que mi bebé está en el taller —asentí.
— No tengo problemas por ello, solo es otro día en el instituto.
Por favor, Anny, es el último curso, deberías estar brillando de felicidad, un nuevo panorama para las dos —no le pude devolver la sonrisa.
— Un nuevo panorama para ti, querrás decir —la corregí mirando de soslayo como mi hermano me fulminaba con la mirada.
— ¿Sabes? Tú verás, estoy cansada de esto. Le diré a Rachel que me lleve a la escuela —cogió su bolsa de estudio y me miró llena de indignación. Realmente no me había levantado de buen ánimo, pero por eso no podía arruinarle a mi hermano la oportunidad de llevar a la chica que tanto amaba y tampoco estaba de buenas para pelearme con la única chica que de verdad me apreciaba y entendía.
— No te vayas —susurré a Sal— estoy un poco subida de humos, perdóname. Mi hermano dispone de tiempo antes de irse a la universidad, puede dejarnos en Londres, y devolverse —mi mejor amiga sonrió. Yo bajé el tramo de escaleras que me faltaba.
¡Está bien! —sus ojos brillaron— ¡Me siento emocionadísima Anny! ¡Último curso! —mi hermano sonrió ante la reciente pero no nueva efusividad de mi querida mejor amiga. Puse los ojos en blanco. Salley iba a montarse en el asiento de pasajero del Mercedes Benz nuevo de mi hermano. Mi hermano se alarmó. ¿Sería yo la que tenía que seguir avanzando esa relación? Hice una mueca.
Salley, amiga —interferí— ¿Porqué no te vas en el asiento copiloto? —me volví para que mi hermano no me viera y le guiñé un ojo, sus pómulos se llenaron de rubor.
Oh. —dijo mirándome más cautelosa, eso te ganas por hacerme disculpar, bonita. Sonreí con malicia y ella me lanzó una mirada envenenada. Pero no me sentí culpable, al fin y al cabo les estaba ayudando a avanzar esa relación que parecía quedarse suelta en algún lugar de la intemperie. Mi hermano sonrió y se puso sus gafas de sol, usuales marca “rey” Me monté en el asiento de atrás. El auto olía a nuevo. No entendía que les pasaba a los dos hombres que vivían conmigo, esa codicia por tener múltiples autos nuevos—Me impresiona Louis, tu auto es demasiado hot —Louis sonrió, Que arrogante, pensé.
— Sí, mi padre me lo compró, no creas que soy un mantenido. Pero dijo que me lo regalaba por mis grandes esfuerzos en la universidad, soy uno de los tres mejores, soy muy popular, también —puse los ojos en blanco. Mi mejor amiga sonrió— ¿Listas damas?
¡Solo arranca el auto y ya! —exclamé irritada. Mi hermano pareció no escucharme porque se quedó alardeando un poco más.
Ya sabes, Sal, nosotros debemos mantener una buena reputación—puse los ojos en blanco.
No quiero recibir una notificación por llegar tarde, lo has oído—apliqué mi tono amenazador —porque hermanito, te asesino—mi amiga se viró para mirarme.
No seas tan mal educada Anny, tu hermano se ofreció a llevarnos. ¿Quién hace eso? —mi hermanito está tragado de ti, por eso lo hace. Pensé aburrida.
Déjala Salley, se despertó con el pie izquierdo. Me la he aguantado de peor humor—sonrió socarrón y emprendió el viaje.

Dos horas después estábamos en clase de algebra, mi mejor amiga estaba sentada a dos puestos míos, mirándome de reojo para que la ayudara con el ejercicio que nos había puesto el señor Smith, mi compañero de puesto era Jerry Van Tor, irlandés. Me miraba siempre de reojo, supuse que estaba estancado en el ejercicio como mi amiga.
Trata de mirar todo lo que quieras mi hoja, Jerry. Pero no lo he hecho. Primero, lo analizo bien—su sonrisa se extendió en su rostro lleno de pecas, puse los ojos en blanco.
— No estaba mirando tu hoja, Annette. Estaba preguntándome porqué decidiste sentarte a mi lado, hoy, primer día de clases, último año—me miró a los ojos, los suyos azules cristalinos parecían admirarme.
No lo hice por nada importante, eras de los últimos puestos que quedaba, ciertamente no me voy a sentar a lado de Friederich, ya sabes como parlotea que su familia es muy cercana a la realeza y blablablá. Y tampoco cerca de Dustin, porque empieza a coquetearme de manera irracional, a Luzmille no le caigo bien y a mí no me importa el porqué, solo no estoy para recibir malas energías, quedabas tú. Fin de la historia —pareció decepcionado y se centró en su ejercicio. Suspiré. — ¿Dije algo malo?
— No, no. Solo que pensé que yo…que tú…
— Oh. Retrocede irlandés —sonrió cuando le dije así
— Somos compañeros de clase, y ahí terminó. No me voy a enamorar.
— ¿Te molestas si te pregunto algo?
— Depende.
— Ahg. ¿Eres lesbiana? —mi lápiz cayó al suelo. Lo miré estupefacta.
— ¿Qué? —mis ojos ardían furiosos— Crees que porque no me gustas, ¿soy lesbiana?
¿Estás en contra de eso? Porque yo no reaccionaría así.
No, no lo tomé así de mal. No estoy en contra de eso. Jamás. Digo que te crees muy convencido. Ya no me hables el resto del año. Y deja la idiotez—me volteé para coger mi lápiz y seguir con mi ejercicio. Lo terminé rápidamente. Me levanté y entregué mi hoja con el ejercicio hecho. El señor Smith me aprobó con la mirada y comenzó a revisar mi ejercicio. Tomé asiento y me quedé esperando a que el resto de la clase terminara sin dirigirle la mirada o el habla.
El timbre sonó y yo recogí mis cosas, antes de poder pararme, él me sujetó. Su agarré envió dolor a todo mi ser, aunque su agarre no fuera demasiado fuerte me hizo acordar del incidente, me desprendí con fuerza.
¡No me vuelvas a tocar! —le lancé una mirada furibunda y agarré mis cosas con rabia. Dejándolo desconcertado.
Mi amiga me encontró en el pasillo. Me miró.
— Sé que algo malo pasó. Dímelo. Ahora—le miré mientras caminaba.
— ¿Qué te hace pensar que tengo un problema? —pregunté irritada.
Tu tono de voz en primer lugar, como saliste del aula en segundo lugar, y tu rostro. Te conozco Annette. ¿Qué sucedió?
— Bah, que el estúpido de Jerry Van Tor, se hizo el convencido conmigo. Es un idiota.
— Solo ves lo exterior de los hombres, Anny. ¿Qué tal que le gustes? —me quedé estática frente a mi mejor amiga.
— ¿Qué has dicho? —espeté de forma directa y cargando mi voz con veneno.
— Yo… yo…
Sabes bien que no pienso enamorarme de nadie. ¡Jamás! —mi gritó atrajo la atención de los que estaban por ahí.
No me hables así, solo quería ayudarte. Veo que es imposible. Haz lo que quieras, si deseas hundirte en tu pasado. Hazlo, no tengo problema—sonaba dolida, siguió derecho. El resto se quedó mirándome. Luzmille sonrió, yo se la devolví con falsedad. Ella solo me miró de mala manera y yo me retiré sin decir una palabra, en busca de mi mejor amiga.
Fui a la siguiente clase, artes pláticas. No me tocaba con mi amiga, suspiré. ¿Cómo hacía para arreglar las cosas con ella? Había sido muy grosera, ella solo había intentado ayudarme…
…pero por otro lado, ella sabe lo que me hace el pasado, no puedo zafarme así de fácil, es posible que no me zafe nunca. No puedo hacerlo, ella es la que parece no comprender. Mi mal humor fue demasiado candente.
Entré al aula, me senté en un puesto al lado de un chico, con cara de problemático. ¿Qué acaso yo no me fijaba donde sentarme? Solté un bufido.
— Hola, mi nombre es…
— No necesito saber tu nombre. ¿Lo entiendes? Déjame.
— Ok —su respuesta me hizo virarme hacia él.
— ¿Qué has dicho? —su cabello era color azabache y sus ojos de un miel exquisito.
— Solo intenté ser amable, sino necesitas amabilidad en tu vida pues que pena por ti. Dediquémonos a lo que hemos venido, hacer arte y nada más—me sonrió comúnmente y empezó a hacer su molde para el artilugio. No pude mirarlo más. Sentía vergüenza por mi comportamiento. Pelearme con Salley era más terrible de lo que pensaba.
— Oye yo…
— No lo sientas, déjalo y punto final. Mira, falta un minuto—como si el tiempo estuviera de acuerdo con él, el reloj timbró—Te veré luego chica sin nombre y cero amistosa—sus palabras me dieron mucha rabia. Pero no tenía la culpa, me golpeé mentalmente por no haberle respondido y cogí mis cosas para salir.
La última clase era física. Anhelaba que fuera con Salley para pedirle disculpas, sino lo lograba este primer día, no iba terminar bien.
Llegó el final de las clases, mi hermano me recogió, mi amiga no apareció en todo el día, me sentí muy culpable por eso. Le conté a Louis lo que había pasado todo el camino a casa. No dijo nada hasta que llegamos. Su perfecto consejo: hablar con ella. Como si no lo hubiese intentando. Subí a mi habitación, eché un vistazo al correo por si mi padre me había mandado alguno, la mayoría eran de mi prima Angeline, sobre el desfile de otoño en Milán. Todos los eliminé, no quería saber nada de ellos. Ni de Angeline, ni de mi tío Grand, ni de nadie más. Solo mi padre y mi hermano eran mi familia. Nadie más. Cerré la computadora y me dediqué a leer. Al rato, sonó mi celular, un mensaje. Era de Salley, le eché un vistazo:

Lamento haberte dicho eso, no fue mi intención y lo sabes, me pusiste en ridículo, y sabes como odio que seas tan ofensiva, espero me perdones, sé que me buscaste todo el día, pero no estaba de humor, sabes, me fui al lugar secreto donde intento mantenerme tranquila, del que te hablé cuando mis padres se peleaban, al que nunca has ido. Ahora he recapacitado y te he mandado este mensaje, oye, hablamos después que mi padre llegó y no quiero verle, besos y quiero tus disculpas, lo sabes. Te quiero gruñona. Adiós.

Suspiré y dejé el celular en el nochero. Comencé a leer un libro que había en la biblioteca para mantenerme despierta. Al parecer, había podido pasar todo el día sin que las pastas me hicieran dormir. Era sobre guerra, pasiones, aventura. Me saltaba las partes de amor, no estaba de humor para eso. Me quedé ahí leyendo hasta que caí en un profundo sueño.
En él, se encontraba aquel chico al que había tratado mal, todo estaba en blanco y negro. Sentía un pésimo presentimiento. De pronto, apareció él. Su oscura sonrisa me erizó los vellos de todo el cuerpo, salí en una carrera, no volvería caer en sus garras. Me alcanzó y me agarró del cabello.
    —   ¡No puedes escapar Annette! —había dicho—eres mía.
Sentí nauseas, quería despertar. No de nuevo. De pronto de la oscuridad, antes que él me lastimara, llegó aquel chico. Me tomó en brazos y me susurró:
   — Todo va a ir bien, Annette. Estoy aquí, yo te protegeré…

Me desperté alterada, mi corazón estaba que salía de su lugar. Me obligué a respirar suavemente y dejar que todo eso se fuera de mi mente. No podía enamorarme de alguien con quien había intercambiado una que otra palabra, él no era nadie, y no lo iba a ser…

2 comentarios:

Unknown dijo...

Fascinante! Me encanto! Muero por ver quien es este misterioso chico! Besos! Te quiero
Dani ;)

MeliFer dijo...

HOLA! perdon por tardar tanto en pasar, estoy en examenes y la verdad me traen como loca!!! jajajajXD pero ya estoy aqui...
Que le ha pasado a Annete para que sea siempre asi de fria? debe de pensar que los demas no tienen la culpa, obvio que perder a alguien duele :(
Su hermano y su mejor amiga, tipicamente genial, eso tambien suele suceder:$ me voy para el otro:)